¡Hola a todos! Mi nombre es Bea y soy maestra graduada en Educación Infantil. Me considero una fan absoluta de mi profesión porque me encanta acudir día tras día a la escuela y empaparme bien de esa magia que solo los niños y niñas tienen.

“Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida” (Confucio)

Hace 5 años me presenté por primera vez a un concurso de oposición, sin conseguir el resultado esperado. Decidí seguir intentándolo y fue en la convocatoria del año 2017 en
la que alcancé mi objetivo, ser funcionaria de carrera. Comencé a trabajar con gran ilusión en un colegio de la Comunidad de Madrid. Ya podía tocar casi con los dedos ese sueño que desde niña había tenido, ser maestra.

Mi primer grupo aula fue una gran sorpresa. No me imaginaba que en mi primer año tendría que hacerle frente a un aula con 21 alumn@s de 3 años, entre ell@s un niño TEA, tres niñ@s que no hablaban español y un niño con un importante retraso madurativo que apenas controlaba esfínteres. Esta situación me provocó al principio
cierto malestar y la inseguridad hizo de las suyas. Lo que no sabía era que las ganas y el amor por mi profesión harían todo el trabajo.

No os voy a mentir, tenía miedo. Miedo a no saber controlar la situación. Y ¿por qué? Os preguntaréis. ¿Cómo es posible que habiendo cursado 4 años en la universidad, afrontase con miedo una situación tan habitual como es ésta en un aula? Posiblemente la respuesta a esta pregunta esté en el hecho de haber echado de menos, asignaturas completas sobre `El funcionamiento del cerebro infantil’, `Acciones prácticas para atender a la diversidad´ o `Actuaciones para atender a la individualidad del alumnado´, entre otras. Materias de las que, cuando comencé a trabajar, tenía solamente una ligera idea.

Poco a poco, fui sacando las sesiones adelante. Comenzaba a ver importantes logros en mi alumnado y la alegría y las ganas con las que cada día mis peques venían al aula. Aquí es donde realmente me dije a mi misma: “lo estás haciendo bien, profe”. Superado el primer curso, ya no era la maestra que un 1 de septiembre había pisado por primera vez ese centro. Todo lo vivido me había hecho reflexionar y había creado en mí la necesidad de seguir formándome. Así es que comencé a buscar recursos, nuevas metodologías, propuestas para el aula… que pudieran ayudarme a mejorar como docente. Es aquí donde me reencuentro con las pedagogías activas que iluminan y cambian mi manera de ver la educación y de trabajar en el aula.

Mientras me formo en estas nuevas pedagogías, descubro también la gran cantidad de recursos y materiales que muchos otros docentes comparten en las redes sociales. Hay ideas muy valiosas y llenas de creatividad que han sido una gran inspiración y a las que, desde aquí, agradezco por compartir su trabajo de manera altruista. Además, esto último me animó, hace relativamente poco, a iniciarme en la aventura de tener mi propia cuenta educativa donde compartir también mis propias experiencias y recursos.

Actualmente, me encuentro inmersa entre libros, cursos de formación y nuevos proyectos que me permitan seguir ofreciendo a mis alumnos y alumnas la educación que se merecen, una educación de calidad.

“Quien se atreve a enseñar, nunca debe dejar de aprender” (Paulo Freire)

 

 

 

Beatriz Águila Rubio

Maestra de Educación Infantil